CABRERA ARRANCÓ UN CICLO EN VINILO A LA VUELTA DE SU PRIMERA...

CABRERA ARRANCÓ UN CICLO EN VINILO A LA VUELTA DE SU PRIMERA GIRA EUROPEA

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El cantautor uruguayo Fernando Cabrera, uno de los máximos referentes de la canción rioplatense contemporánea, volvió a la Argentina tras su primera gira por Europa e inició anoche un ciclo de cinco conciertos en Café Vinilo (Gorriti 3870), donde volvió a conmover al público porteño, acompañado sólo por su guitarra acústica y a partir de una selección acertada de su amplio repertorio y algunos estrenos.
Sin emitir palabra y en el marco de un clima íntimo, el músico comenzó el recital con una trilogía integrada por “Panedonios”, “Imposibles” y “Dulzura distante”, tres canciones bellas y movilizantes que de algún modo prepararon el terreno para lo que venía.
“Hoy medio afónico, así que no voy a hablar mucho”, dijo Cabrera rompiendo el silencio y ante un público respetuoso y dispuesto a formar parte de una nueva ceremonia protagonizada por el artista montevideano, quien lleva más de 35 años de trayectoria y más de 20 discos editados.
Sentado en el centro del escenario y cruzado de piernas, el músico fue cautivando a la audiencia que disfrutó atenta de un repertorio clásico y potente, que a primera vista parecía elegido espontáneamente por el artista.
Luego llegó el humor inteligente de “Críticas” -donde sabe reírse de sí mismo y reúne todas las críticas que le hicieron a lo largo de su vida sus novias y sus seres más cercanos–, que sonsacó sonrisas cómplices en el público, al que le siguió “Diseño de interiores”, una canción que “me atreví a hacer aunque en mi casa tenga todo tirado, hasta yo mismo estoy tirado”.
La austeridad absoluta en su forma de encarar la escena y de abordar las canciones, volvieron a jugar a favor anoche, y sumaron belleza y emoción a clásicos como la milonga “La garra del corazón” -dedicado a “aquellos que les gusta la música criolla”-, “Una puerta de los dos”, y el estreno de “Pollera y blusa”.
En su propuesta minimalista tampoco faltó “Viveza”, pieza que alguna manera sintetiza una búsqueda estética que viene amasando desde hace años, y que interpretó, como siempre, acompañado percusivamente por una simple cajita de fósforos.
Regulando la voz y desde su modo singular de tocar la guitarra, Cabrera, de 59 años, llegó al final de la noche con un clásico suyo, “Por ejemplo”, una joya con un estribillo que repite “estoy regando el tiempo con tu recuerdo, entre los dedos con el agua vas vos”, incluido en su disco “Mateo & Cabrera” (grabado en vivo en 1987 en el Teatro del Notariado).
En esta ocasión y para evitar caer en la repetición, anoche decidió no incluir en su lista temas de “Cabrera canta Mateo y Darnauchans”, un disco en vivo en donde homenajea a dos figuras de la música popular de su país, Eduardo Mateo (1940-1990) y Eduardo Darnauchans (1953-2007), y que este año presentó en La Usina del Arte y en teatro Picadero.
Para el cierre guardó su himno, “El tiempo está después”, y ya con el público de pie y como bis entonó “Te abracé en la noche”, que el público ovacionó.
El artista que conoció la popularidad hace unos 12 años para convertirse en un faro para muchos músicos argentinos, acaba de regresar de su primera gira por el Viejo Continente, que lo llevó a presentarse en Barcelona y otras ciudades de España, donde invitó a cantar a Joan Manuel Serrat, también tocó en Ginebra y Estocolmo.
Cabrera transita un año particularmente intenso que además incluye la edición de un libro con su biografía, “Cabrera según Cabrera”, una suerte de biografía realizada en base a “largas y dilatadas charlas” que el artista mantuvo con Jorge Temponi y Andrés Pompillón.
El músico se presentará hasta el sábado en Café Vinilo, del barrio porteño de Palermo, y el domingo 11 en el teatro Auditorium de Mar del Plata, el viernes 16 en Ciudad Vieja de La Plata, el sábado 17 en el Interlunio de Quilmes y el domingo 18 en Café Dumas de Montegrande.