Benoît Hamon: de liderar a los socialistas franceses en las elecciones a...

Benoît Hamon: de liderar a los socialistas franceses en las elecciones a abandonar el partido

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La implosión del Partido Socialista francés estaba prevista tras sus últimos desastres electorales, pero no podía esperarse que resultara tan espectacular. Su candidato a la presidencia, Benoît Hamon, se ha dado de baja para fundar un movimiento propio llamado 1 de julio. El hombre que perdió las primarias frente a Hamon, el ex primer ministro Manuel Valls, también rompió el carné y se fue a ¡La República en Marcha! de Emmanuel Macron. Incluso el pequeño grupo parlamentario conseguido en las legislativas prefiere huir de la denominación “socialista” y se hace llamar Nueva Izquierda. Nadie cree ya que la fuerza política fundada por François Mitterrand pueda sobrevivir.

Hamon reunió el sábado a sus fieles, unos pocos miles, en un parque de París para anunciarles que en adelante pensaba dedicarse a “la reconstrucción de la izquierda”. Tuvo que hacer unos cuantos juegos de palabras para disimular que huía de un naufragio: “Dejo el Partido Socialista, pero no abdico del ideal socialista; dejo un partido, pero no al socialismo ni a los socialistas”. “Seré más útil fuera que dentro”, añadió.

Los que no se han ido, al menos por el momento, se reunirán el próximo sábado para elegir una dirección colegiada cuya misión formal consistirá en organizar un congreso de refundación en 2018. La tarea principal, sin embargo, será la de despedir empleados y vender sedes. La gran estructura propia de un partido de Gobierno no puede ser financiada con menos del 10% de los votos.

El gran problema no es la ruina o la necesidad de un líder. Lo que cierra horizontes al Partido Socialista es la falta de espacio ideológico. Los socialdemócratas han saltado al barco del presidente Macron. Y los radicales, los que contribuyeron de forma significativa al fracaso de la presidencia de François Hollande, topan con la pujante Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Frente al carisma de Mélenchon, un líder mesiánico con un verbo arrollador, capaz de lanzar las propuestas más demagógicas sin pestañear (como hacía Mitterrand) y de pelear ferozmente por cada voto, Benoît Hamon compone una figura gris y secundaria.

Mathias Fekl, que fue ministro del Interior durante menos de dos meses al final del mandato de Hollande, parece el único aspirante real a dirigir los restos del Partido Socialista, rebautizados y reconfigurados como minipartido. Cuesta imaginar que Fekl, un tecnócrata ideológicamente próximo a Valls y sin experiencia fuera de los despachos, sea capaz de abrirse paso entre Macron y Mélenchon.